En una entrevista con Radio Continental Córdoba, Monseñor Dante Braida, obispo de La Rioja y máximo responsable de la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), planteó un diagnóstico crítico sobre el estado actual de la sociedad argentina. Junto al secretario general de la Asociación de Grandes Empleadores de la Construcción (AGEC), Pablo Chacón, Braida sintetizó en una frase su visión sobre la crisis: «No se puede salir solo»
Desde el púlpito de sus competencias en materia social, el obispo riojano identificó a las adicciones como una de las principales preocupaciones que acechan al país. «Las adicciones hoy son una de las principales preocupaciones sociales que vemos en todo el país», afirmó, marcando un problema transversal que afecta tanto a las grandes ciudades como a territorios como La Rioja.
La realidad económica cotidiana ocupa otro lugar central en su análisis. Braida observó que «el tema del hambre y no llegar a fin de mes se está haciendo algo común», una constatación que refleja la presión fiscal sobre los hogares argentinos en medio de la volatilidad macroeconómica y la caída del poder adquisitivo. Frente a este escenario, el obispo defendió la justicia social no como una amenaza sino como un catalizador: «La justicia social no es una amenaza. Genera posibilidades de crecimiento».
El diagnóstico de Braida profundiza en una patología más profunda: el individualismo estructural. «Todos tenemos la tendencia al individualismo. Hay que reconocerlo para poder construir puentes», señaló, sugiriendo que la toma de conciencia es el primer paso hacia la reconstrucción del tejido social. Esto cobró particular urgencia cuando abordó la situación de los jóvenes: «Los jóvenes necesitan espacios donde puedan ser escuchados y contenidos cara a cara».
En esa línea, el obispo extendió su crítica hacia el rol de la tecnología en la fragmentación del vínculo intergeneracional. «La tecnología ofrece todo tan fácil que muchos terminan atrapados en esa lógica», alertó, sugiriendo que la hiperconexión digital genera paradójicamente una desconexión del espacio presencial donde ocurren los encuentros significativos.
Su conclusión apunta a la construcción de una alternativa: «Queremos construir puentes para el bien común». En tiempos de enfrentamiento político y económico, la voz institucional de la Iglesia desde La Rioja busca posicionar la solidaridad como antídoto contra la lógica del individualismo que, según Braida, caracteriza al momento actual.








